18 sept 2011

El héroe que nunca fue

  Él era un chico de 15 años como cualquier otro, su nombre era Shaun. Iba a la escuela, salía con sus amigos, se reunía con su familia, hacía deporte, en fin, no había nada extraño en él, su vida era normal. Pero había algo dentro de el que nunca supo, superpoderes. Un día normal en su vida, luego de que volvía de la escuela, llegó a su casa y marchó hacia su habitación a ver su programa favorito llamado “Salvar al mundo” cuando, de repente, sintió una gran explosión  a lo lejos, un ruido semejante al de una bomba. Segundos después, se desmayó y quedó inconciente. Nunca más pudo recordar todo lo que vivió durante esos 15 años.
   Cuando se despertó toda su casa estaba destrozada. Sus padres habían muerto. Instantáneamente arrancó en un ataque de llanto interminable, pensó que alguien los había matado así que tomó la decisión de ir a la comisaría a realizar la denuncia. Cuando salió a la calle todas las casas estaban rotas y las personas que en ese momento caminaban por la calle, muertas. Todo le empezaba a parecer raro: ¿Cómo podía ser que estuvieran todas las personas muertas menos él? Siguió caminando con le esperanza de encontrar a algún policía vivo para poder hacer la denuncia, sin embargo, cuando llegó a la comisaría esas pocas esperanzas se le derrumbaron como todas las casas de su ciudad.
  De repente, detrás de sí escuchó una voz rara, que él no conocía. Era el presidente de su país, quien en pocas palabras le dijo:
    Los robots nos están atacando, hicieron explotar una bomba nuclear y sólo nosotros dos sobrevivimos. Quieren dominar nuestro país y vos tenés dos superpoderes: el de la fuerza suprema y el de la velocidad suprema. Si lográs matar al rey de los robots, podremos revivir a todos los muertos, inclusive tus padres.
    Así será. — Respondió Shaun
Instantáneamente preguntó en dónde estaba ubicado el rey de los robots y hacia allí fue. Estuvo unos minutos hasta llegar a la base de los robots. Cuando llegó, los observó detenidamente: sus cuerpos de metal, eran parecidos a los humanos. Parecían indestructibles. Pero Shaun tenía la confianza suficiente y más ahora que tenía esos dos poderes y sabía que iba a lograr destruir a los robots uno por uno hasta llegar al rey.
   Así empezó la batalla. Aprovechando su velocidad, Shaun comenzó a correr al máximo, casi sin dejar capacidad de reacción para moverse a los robots y pegándoles con el máximo de su fuerza, fue derribando robots por el camino. Así, con la misma táctica estuvo durante dos horas aproximadamente hasta lograr destruir al último robot que quedaba. Ahora solo faltaba el rey, el más difícil de todos, y todo dependía de lo que pudiese pasar en esa pelea. Dos personas, una ciudad en juego, miles de vidas en riesgo: todo o nada. Todos esos pensamientos pasaban por la cabeza de Shaun pero él sabía muy bien que si hacia las cosas bien, todo iba a poder salir como él esperaba.
   Shaun comenzó a correr en círculos a toda velocidad para marear al robot. Esa “jugada” le salió casi perfecta ya que el robot quedó muy mareado sin darse casi cuenta de dónde estaba. Shaun logró colocarle una trompada en el punto débil del robot, el pecho. De tan fuerte que le pegó se le hundió el pecho al robot. Pero el robot aun así no se murió.
  Siguieron luchando por una hora más aproximadamente. Shaun tenía la cara con mucha sangre y el robot tenía un par de abolladuras más aparte de la del pecho. El robot lo estaba prácticamente matando a Shaun, pero él no se rindió y con un gran amor propio, con lo último de vida que le quedaba pudo pegar un salto y con una patada “karateka” le hizo un agujero en el pecho al robot y logró destruirlo cortándole todos los cables que tenía adentro. Produjo un cortocircuito en el robot y así lo pudo destruir.
   Minutos más tarde, todos los cuerpos muertos volvieron a la normalidad y Shaun pudo volver a estar con sus padres pero ni ellos ni nadie supo que quien los había salvado, había sido Shaun.
  

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