24 abr 2011

La mano sangrante


   Vera estaba cocinando  una rica comida extranjera llamada “Donn” cuando de repente sonó el teléfono. Era su tío Roberto, quien vivía en la selva africana. Tuvieron  una conversación muy extensa debido a que hacía mucho tiempo que no se veían ni hablaban.
   Cuando Vera dejó de hablar con su tío y puso el teléfono sobre la base, llegó si tía, quien había escuchado su conversación.
—¿Con quien estuviste hablando tanto tiempo?- preguntó la tía
-Estuve hablando con el tío Roberto, con el que hacía mucho que no hablábamos- respondió Vera con cara algo pensativa.
—¿Y qué estuvieron hablando?- preguntó la tía
—Una vez estábamos con el tío en el museo africano de arte y vimos una pintura en la que una mano asomaba sangrante entre la maleza. Nos gustó mucho, nos atrajo mucho esa pintura. Tenía algo especial o raro que no sabíamos qué era….
—¿Y que te contó sobre ese día?- preguntó curiosa la tía.
— Luego que volvíamos del museo, el tío compró esa pintura que tanto nos había gustado. Se la llevó a su casa y lo colgó en la pared de su pieza, arriba de su cama.
   Un día eran las dos de la mañana, él estaba durmiendo, estaba en el quinto sueño cuando, de repente, sintió que alguien lo estaba ahorcando. Se despertó repentinamente, ahogado, respirando fuertemente, muy agitado. Todo había formado parte de un gran sueño. Con susto pero aliviado al mismo tiempo, el tío se volvió a dormir. Al rato, unos minutos después, volvió a tener la sensación de que alguien lo ahorcaba. Cuando abrió los ojos vio una mano ensangrentada sobre su cuello y empezó a gritar ferozmente, pero nadie lo escuchó. Esa mano lo apretaba cada vez más fuerte, se quedaba casi sin aire cuando recordó que en la mesa de luz, la noche anterior, había dejado un cuchillo. Lo agarró y con el aire y la poca fuerza que le quedaba, pudo “matar” a esa mano, cortándola bruscamente. La cuestión es que estuvo al borde de la muerte…
    La tía no supo qué hacer, simplemente tenía cara de sorprendida, con los ojos
muy abiertos y la cara semi pálida. Solo atinó a irse a su pieza. Cuando llegó a su habitación, se puso a pensar y empezó a dudar de lo que Vera le había dicho. Entonces decidió irse a la casa del tío para que el le cuente si era verdad o no lo que le había pasado. Al llegar a la casa del tío, la tía golpeó unas cuantas veces la puerta, estaba apurada por saber si era verdad o no lo que Vera le había contado. El tío abrió la puerta y la invitó a pasar a su casa a la tía. Estuvieron hablando un largo rato sobre el tema de la pintura que había comprado el tío y resultó siendo que una ves mas, Vera había mentido.
                                                                                              Tomas Loureiro
                                                                                              480 palabras